Cuando la organización se atasca, el problema no suele ser la comunicación
Cuando hay bloqueos que se repiten aunque cambiemos procesos o personas, el problema está en la arquitectura invisible de roles y límites.
He escuchado esta frase decenas de veces: "En mi organización hay bloqueos, fricciones o conflictos que se repiten aunque cambiemos procesos, personas o reuniones."
Cuando esto pasa, solemos mirar a la comunicación, al liderazgo o a la personalidad de algunas personas.
Pero la mayoría de veces la explicación es más profunda y menos visible: el problema no está en las personas, sino en la arquitectura invisible de roles y límites.
Qué son los roles y límites
Un **rol** no es un cargo ni una lista de tareas. Es la posición que alguien ocupa en el sistema, con expectativas visibles… y otras que nadie dice pero todos sienten.
Un **límite** no es una barrera. Es el borde que ordena la colaboración: quién decide, hasta dónde llega una responsabilidad y qué pertenece a cada función.
Cuando están difusos, aparecen síntomas conocidos
- Decisiones que nadie termina de tomar
- Managers sosteniendo lo que otros no asumen
- Equipos peleando por territorios grises
- Conflictos que se repiten con personas distintas
- Áreas atrapadas en mandatos contradictorios
Y aquí aparece la trampa habitual: "Esto es un tema de comunicación."
La comunicación solo funciona cuando los elementos invisibles del sistema están conscientes. Pero roles y límites suelen ser una zona ciega: operan por debajo, condicionan quién puede decir qué, y determinan qué tensiones se pueden nombrar.
Cuando revisas la arquitectura de roles y límites, el sistema respira: menos fricción, más claridad, decisiones más limpias.