Por qué las organizaciones no cambian "por resistencia"
Cuando una organización no cambia, no es por resistencia. Es porque las condiciones del sistema siguen favoreciendo el patrón anterior.
Artículos, casos prácticos y reflexiones sobre cómo las organizaciones funcionan, se atascan y se transforman.
Cuando una organización no cambia, no es por resistencia. Es porque las condiciones del sistema siguen favoreciendo el patrón anterior.
En muchas organizaciones no falla la cultura, ni la estrategia. Falla algo más básico: las personas no saben exactamente qué rol están ocupando.
Si intervenimos en lo visible, intervenimos en lo menos relevante. El cambio real ocurre cuando actuamos sobre las condiciones del sistema.
Hay organizaciones que dicen valorar el esfuerzo, la calidad y el desarrollo de las personas. Y luego, sin darse cuenta, entrenan exactamente lo contrario.
El futuro de una organización está más condicionado por su propia historia que por las fuerzas externas que la rodean. Cada crisis nace de la solución anterior.
Los comportamientos no aparecen por motivación individual, sino por cómo está diseñado el sistema. El framework del Star Model de Jay Galbraith ofrece una pista incómoda.
Las habilidades no aparecen en abstracto. Aparecen en situaciones concretas, frente a problemas específicos, bajo determinadas condiciones. Y, sobre todo, en relación con otras personas.
Cuando se dice que 'va de personas' o que 'va de cultura', normalmente se apunta a actitudes, resistencias, miedos, habilidades o mentalidades. Pero una organización no es un agregado de individuos: es un sistema complejo adaptativo.
En toda organización hay tensiones. No como problema, sino como condición natural de trabajar juntos. Cuando una tensión no se nombra, no desaparece. Se traduce en decisiones ambiguas, roles confusos, reuniones interminables o fricciones difíciles de explicar.
El liderazgo real no ocurre solo dentro de la persona que lidera. Ocurre en una tensión estructural entre cuatro dimensiones que no encajan de forma natural: la subjetividad, el rol, el poder y el sistema.
La organización no es una máquina gestionable solo con indicadores. Es el efecto de patrones de interacciones: conversaciones, decisiones, expectativas y límites que determinan qué es posible y qué no.
En toda organización existe un saber tácito que guía cada decisión y conversación. Este conocimiento no se documenta, pero es lo que realmente diferencia a una organización de otra.
La adopción de IA no reduce la importancia de lo humano; la multiplica. Cuando todas las organizaciones tengan herramientas similares, lo que marcará la diferencia será la calidad de su sistema humano.
Cuando hay bloqueos que se repiten aunque cambiemos procesos o personas, el problema está en la arquitectura invisible de roles y límites.
El reto del mánager no es eliminar la tensión, sino convertirla en un motor de aprendizaje y cohesión.
Las organizaciones crecen cuando aprenden de sí mismas. Aprender no es solo adquirir nuevas habilidades.
La supervisión de roles permite mirar las dinámicas del equipo y ponerles nombre. No es evaluación, es reflexión colectiva.
En momentos de cambio, los equipos necesitan un espacio que contenga la ansiedad, las expectativas y las tensiones.
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